La Provincia de Valderrama: el realismo mágico de Boyacá

publicado en: Colección | 2

Sandra Liliana Mejía Alfonso
Politóloga, Mg. Medio Ambiente y Desarrollo
Directora Ejecutiva Corporación BioRegión
www.biorregion.org

Recorrer esta provincia es dejarse acoger por la generosidad y solidaridad de sus gentes. Así lo demuestra la historia, al recordarnos el auxilio brindado por la población Sochana, al ejército libertador que venía literalmente destrozado, luego de atravesar el adusto y aguerrido páramo de Pisba. Sus habitantes, se desvistieron para vestir a los valientes y desnudos soldados, incluso con prendas de mujer, así se cuenta, llegaron trajeados los Catorce Lanceros a librar la Batalla del Pantano de Vargas. Por este gesto solidario, se bautizó a Socha como la “Nodriza de la Libertad”.

El paso del ejército libertador, también se recuerda en tierras de Tasco, particularmente en la Hacienda Aposentos, de propiedad de don Calixto Perico, que era una casa grande de dos pisos, cuyas habitaciones sirvieron de cuartel general a las tropas patriotas. Aquí, Bolívar reagrupa la compañía, acogiendo las cuadrillas granadinas y venezolanas, y donde se suman numerosos voluntarios. El gesto del general José Antonio Valderrama al donar 500 caballos para iniciar la campaña libertadora, le da el apellido a esta Provincia de Boyacá.

Luego de recobrar fuerzas y aprovisionarse, el avance de la ruta libertadora toma rumbo a Gámeza, dónde tuvo lugar la primera batalla de independencia, en la cual se destacó el general Juan José Reyes Escobar, a quien Bolívar bautizó Reyes Patria. Este paso de las tropas se puede apreciar en Betéitiva, donde lugares como el Puente de Bolívar sobre el Río Chicamocha, y la capillita de Santa Rita de Casia, son testigos perpetuos del aura mítica e indeleble que dejó el libertador.

La provincia de Valderrama es una biorregión ubicada en la hoya del río Chicamocha, conformada por siete municipios: Betéitiva, Chita, Jericó, Paz de Río, Socotá, Tasco y su capital Socha.

Socha, Socotá y Tasco comparten el majestuoso e insondable páramo de Pisba. El 26 por ciento de este territorio fue declarado Parque Nacional Natural por su importante valor biológico al constituir un corredor entre el piedemonte orinocence y la Sierra Nevada del Cocuy por donde transita el gran oso andino, además porque alberga una importante estrella hídrica que alimenta a la cuenca media del Rio Chicamocha y de la Orinoquía.

Estas tres poblaciones ancladas entre las verdes montañas, con sus casas de teja de barro y su plaza central donde los campesinos se encuentran los domingos entre la misa y el mercado, son un testimonio vivo de la cultura tradicional boyacense. Usted puede recorrer sus calles empedradas, adornadas con cementeras de plantas floridas; visitar sus casas con balcones que permiten alzar la mirada para perderse en la majestuosidad de sus altos cerros, como el famoso pico del caracol, lugar mítico en el que es tradición recibir el primer día del año, observando los fantásticos y dorados giros del sol.

Este paisaje cultural campesino que guarda la provincia, nos permite ver la vieja casa campesina de tapia pisada, la fértil tierra arada y preparada con la yunta de bueyes, los colgantes cultivos de arveja y frijol, las moradas florecitas de los cultivos de papa y las mazorcas brotadas que nos indican que pronto vendrá la molienda, época para preparar los humeantes envueltos, el mute, las arepas y demás delicias de la cultura gastronómica del maíz.

En otrora, estas tierras fueron grandes productoras de cereales como trigo, cebada, quinua y avena, cultivadas y segadas por los campesinos que cantaban “La Morena”, entre sorbos de guarapo y arepas resobadas en artesas de madera por laboriosas mujeres de faldas y trenzas largas y negras.

Aunque es un territorio minero, donde el socavón de carbón, es el sustento de muchas familias, también se ve al arriero – agricultor sacando sus cargas en sus caballos, bien amarradas y rumbo a los mercados de poblaciones cercanas.

Esta hermosa provincia es la herencia que nos dejaron los Laches: tres pueblos indígenas que se llamaban Cheva – Chiva, Ura y Ogamora, quienes vivían en casas construidas en muros de piedra. Hoy los conocemos como Chita y Jericó – Cheva y son la entrada a las tierras blancas de la Sierra; se caracterizan por ser grandes exponentes de la diversidad de la alta montaña, nos permiten transitar del súper páramo al bosque andino, divisando paisajes rocosos de frías y eternas neblinas, frailejonales de diversas especies, y míticas y azules lagunas glaciares vigiladas por libres águilas que vuelan en círculos y anidan en sus altas cumbres.

Este corredor, además, fue un camino de intercambio de productos con los llanos orientales, transportados a lomo de mula por hombres fuertes como la roca, conocidos como “rucos”, tal como se denominaron los laches.

Su fertilidad y abundancia nos regala dulces y estacionales frutales como la breva, papayuela, fresas, uvas, cerezas, peras, tomate de árbol que son cuidados y cultivados de manera tradicional y orgánica, constituyéndola en la “despensa del norte de Boyacá”. La variada producción posibilita que siempre haya un delicioso dulce de papayuela con queso, una breva con arequipe para degustar frente al inmenso paisaje en donde se divisa el manto blanco que corona a Boyacá.

Deslizándose en estos valles ruge un tren, nos anuncia que hemos llegado a Paz de Río, un pueblo particular de la provincia de Valderrama, bordeado por el río Chicamocha y por el furioso e impredecible Soapaga.

Este enclave del progreso regional, se caracteriza por la extracción minera de hierro y carbón, materia prima que es transportada por el único tren eléctrico de Colombia, que atraviesa en 90 minutos un recorrido de 35 kilómetros, dejando y recogiendo pasajeros en las poblaciones de Tasco, Betéitiva, Corrales y Topaga bordeando así, parte del cañón del Chicamocha y llegando a su destino final: el alto horno de la planta de Acerías Paz del Río, donde se produce el acero.

Este viejo tren reemplazó en 1963 a un tren de vapor que se construyó en 1947 y en el que llegaron todas las ilusiones y sueños de los trabajadores mineros de Boyacá, quienes vinieron a este pueblo a trabajar en los yacimientos de la hacienda las Archilas, para montar una de las siderúrgicas más grandes del mundo. Así se vivió, entonces, el proceso de la “descomposición del campesinado en proletariado” y se terminó forjando con su duro trabajo, la urbanización de las ciudades más importantes del departamento como Sogamoso y Duitama. En torno a esta actividad, se desarrollaron grandes empresas de servicios como el transporte, las telecomunicaciones, la red eléctrica, los colegios, la salud que dieron una gran dinámica a esta región.

Así “del buey a la locomotora”- para citar al Nobel- se vivía bulliciosamente por esos tiempos cosmopolitas y vertiginosos, entre ingenieros franceses, mexicanos y los recién convertidos obreros, campesinos labradores de estas tierras fértiles y abundantes, que vivieron de un tajo la revolución industrial, conociendo primero que un carro y la luz eléctrica; el tren, el avión de la empresa – un DC-3- y camiones amarillos cuyas ruedas eran tan grandes como una casa.

Paz de Río fue el territorio del cacique muisca Chitagoto, quien libró dura resistencia a los conquistadores españoles, que incursionaron estas tierras en busca del Dorado, entre los que se encontraron Hernán Pérez de Quesada, el Capitán Suárez Rendón y el propio Pedro de Ursúa. Estos pueblos, antes que rendirse, prefirieron arrojarse al abismo por el icónico barranco conocido como “el peñón de los muertos” que ha inspirado las míticas leyendas de maldiciones provocadas por este sufrimiento del pueblo muisca.

Originalmente, el municipio fue fundado en 1824 bajo el nombre de La Paz, que vivió cien años de soledad y aislamiento, cuando el 23 de Noviembre de 1933 sus habitantes fueron sorprendidos por un gran deslizamiento de tierra ocasionado por el desbordamiento del río Soapaga, que dejó como saldo la declaratoria: “zona de desastre”, forzando así, el traslado y reconstrucción del pueblo. Fue entonces cuando vino el cambio de nombre mediante la Ordenanza No.6 de marzo 31 de 1936, que reza “Cámbiese el nombre de La Paz por el de Paz de Río en rememoración del tratado de Paz firmado en Río de Janeiro el 24 de Mayo de 1934, entre Colombia y Perú”.

En su paso por la Provincia de Valderrama, no olvide llevar el presente que más caracteriza a esta región, las famosas repollas de Socha, también conocidas como las milagrosas, pues es una cajita de deliciosas colaciones que abre las puertas de posadas y favores imposibles. La mujer que con sus manos, perfeccionó esta delicia de corazón de arequipe, ahora reconocida como patrimonio cultural de la región, fue doña Rosa María García Hernández. Otras finas y delicadas recetas son el pan integral dorado en horno de piedra y las suaves anisadas mantecadas, que puede degustar en cualquier tienda de su hermosa plaza central de arcos blancos y balcones.

A la vuelta de esta plaza, pude encontrar el Museo de los Andes, un espacio en el que el Maestro Antonio María Benítez, ha clasificado diversos elementos de la historia de nuestros pueblos, allí podremos encontrar, incluso, los restos fósiles de un mastodonte, hallazgos realizados en estos valles; también elementos de guerra del ejercito libertador y otra serie de objetos culturalmente importantes para la vida de nuestra provincia. Si para en Tasco, encargue una ruana o una cobija de lana virgen, tejida en viejos telares, con hilos de diversos colores que expresa diseños de rayas verticales, guardando el conocimiento tradicional indígena. La vida en la Provincia de Valderrama es mágica y lo está esperando para vivirla.

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2 Respuestas

  1. Rosa E. Alfonso

    Excelente artìculo, exquisito. Donde se saborea la historia, la geografìa, la gastronomìa, la cultura, el entorno social y ambiental.
    El lenguaje que utiliza lleva al lector a sentir esa placidez y gusto por la vida y desarrollo de los municipios boyacenses, en este caso los de la provincia de Valderrana.

  2. Myriam Mojica P.

    Estima Sandra, definitivamente te apasiona lo q haces, por eso me haces vibrar de emoción cada paso q doy, con tus descripciones tan detalladas del acontecer de nuestros pueblos. Con gran destreza nos presentas la vida y desarrollo de nuestros antepasados, hasta invitarnos a visitar tan hermosos lugares; eso sí comprando el artículo q caracteriza a cada región, así como la provocación de postres y delicias de la gastronomía lugareña. Un abrazo y quedo motivada y a la espectativa de tu próximo escrito. Eres digna sobrina de Campo Elías Mojica, qpd. Mi padre, gran historiador y orgulloso Boyacense, quien no desaprovechaba la oportunidad, para destacar el valor y fortaleza de sus paisanos.

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