La Provincia del Norte de Boyacá: Una Leyenda por Descubrir

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Sandra Liliana Mejía Alfonso
Politóloga, Mg. Medio Ambiente y Desarrollo
Directora Ejecutiva Corporación BioRegión
www.biorregion.org

“La estancia en que él soñaba era una cuarta de tierra, tres días de arada de bueyes por una loma escarpada que terminaba a pico de un barranco sobre el río Chicamocha. En los inviernos este hierve y borbota en lo hondo, corroyendo la capa de tierra gris y pizarrosa que se desmorona sobre el cruce. En los veranos, la corriente amarilla y espesa se retira contra la orilla opuesta, y deja un reguero de piedras redondas, blancas, coloridas, negras, que parecen huevos de iguana.”
Siervo sin tierra. Eduardo Caballero Calderón.

 

Recorrer la Provincia del Norte de Boyacá, es encontrarse con Siervo sin Tierra por la vega de la cuenca media del río Chicamocha, divisando plantaciones de tabaco, yuca, caña, cítricos y maíz, por carreteras polvorientas, contrastadas con el ocre de un atardecer reflejado en las verdes montañas de la Cordillera Oriental de los Andes. Nueve municipios conforman esta subregión: Boavita, la Uvita, San Mateo, Sativanorte, Sativasur, Soatá, Susacón, Tipacoque y Covarachía, asentamientos ubicados entre los pedregosos valles del cañón del Chicamocha y el complejo paramuno del Güina que envuelve en mantos de neblina sus misteriosas cumbres.

Hace algunos años, viajar al norte de Boyacá era una travesía de gran valor y misterio. En primer lugar por el mal estado de sus vías, que hoy han mejorado mucho y hacen del paseo un viaje confortable y de gran valor paisajístico; en segundo lugar, por los mitos y leyendas indígenas que custodian esta provincia, los cuales, en algún tiempo, se entrelazaron con la presencia de actores armados que vienen desde el tiempo de la violencia bipartidista.
Casi como una entrada a la Provincia, el páramo del Güina se abre imponente, pese a ser atravesado por la carretera principal, es un complejo paramuno, que comparten la mayoría de sus municipios. Sus azules lagunas, blindadas por leyendas muiscas, el corredor de robles y los bosques de siete cueros son relictos de un alto nivel de especiación que, junto con la alta diversidad de sus frailejones, son un paraíso para la biodiversidad de los Andes. El páramo está poblado por campesinos, que como Siervo, no han tenido tierra en las fértiles laderas y han tenido que sembrar con el sudor de su frente y el trabajo duro, el sustento para sus familias, adaptándose a estas condiciones extremas, de bajas temperaturas, sin tener otro terruño que habitar.

Los nombres de los pueblos del norte, rinden tributo a sus héroes muiscas, quienes libraron feroz resistencia contra el dominio español; estos caciques indígenas fueron convocados por el Cacique Tundama para llevar a cabo esta última misión. Así Bovita, es el nombre de las tribus Boavitas o Guavitas, dependientes de los Laches y estos confederados dependientes del aguerrido cacique Soatá quien a su vez lo era del poderoso Tundama. Susacón fue un cacique tributario del cacique Soaita de Soatá. La Uvita, que en idioma chibcha significa: “Pradera de la fértil labranza”, junto con San Mateo fueron fundadas como resultado de un proceso de segregación entre colonizadores e indígenas. Sativa es un nombre cuyos vocablos “Sa”: persona ilustrada y “Tiva”: capitán, significa “Gran capitán”. El término Soatá quiere decir labranza del sol o dominio del sol. El municipio de Tipacoque se desprende del vocablo Zipacoque, que en lengua muisca significa: “Dependencia Del Zaque De Tunja”. Finalmente, Covarachía, cuyos vocablos músicas “cova”: cueva y “chía”: luna, y en conjunto significa “la cueva de la luna”.

La provincia del norte fue conquistada por Hernán Pérez de Quesada, quien rápidamente supo aprovechar las ventajas en la alta disponibilidad de mano de obra, el potencial agrícola determinado por las variaciones altitudinales, el régimen de lluvias y la fertilidad de sus tierras. Situación que atrajo a otros españoles a conformar asentamientos y junto a ellos las órdenes religiosas de los dominicos, quienes se encargaron de la tarea evangelizadora. Durante muchos años la hacienda fue el modelo de control de la tierra, político y militar de esta región que moldearon pueblos conservadores. Testigo de este período son las capillas de los pueblos que usted puede recorrer, así como viejas casonas en todos sus municipios.

La provincia no ha sido ajena de los acontecimientos políticos de orden nacional. La gente del norte apoyo la causa comunera de Antonio Galán. En la lucha que se suscitó en 1812 entre federalistas y centralistas, La Uvita apoyó el movimiento centralista acaudillado por don Antonio Nariño y envió un contingente de tropas para respaldarlo. El Libertador, Simón Bolívar, paso muchas veces por sus pueblos y sus habitantes lo acompañaron en su gesta libertadora. También es conocida por su participación en la violencia bipartidista con los denominados “chulavitas”, un grupo armado conservador, conformado por campesinos procedentes de la vereda “Chulavita” del municipio de Boavita y que fueron reclutados por la policía boyacense, la cual era subordinada al gobierno de turno, con el objetivo de controlar los desordenes provocados por los liberales en el Bogotazo pero luego sirvieron como contrapeso a las guerrillas liberales denominadas también como “cachiporros”, provenientes de los Llanos Orientales.

Encontrarse con el rugiente cañón del Chicamocha, es algo inolvidable a la altura de Tipacoque. Este accidente geográfico permite disfrutar un gran paisaje xerofítico que moldea la cordillera abriendo un inmenso camino para deslizarse a la eternidad. Al entrarse en estas montañas, usted podrá descubrir secretos de nuestra cultura ancestral plasmados en sus piedras mediante petroglifos y pictogramas. Al visitar el pueblo, no olvide pasar por la Hacienda del escritor Eduardo Caballero Calderón, desde donde podrá divisar un paisaje campesino dedicado al cultivo del tabaco, cuyas hojas cuelgan para secarse y perfuman el ambiente con melancólico olor que invita a endulzar la palabra con buen sorbo de aguapanela.

A un paso estará en Cobarachía y allí podrá adentrarse más en el Cañón del Chicamoca, donde las cabras alegran el paisaje. Sus tierras producen deliciosas frutas jugosas y dulces como el melón y la piña perolera. Podrá sentarse en una casa campesina y tomarse una deliciosa taza de café, producido en la misma finca. No olvide traer artesanías de fique, finamente elaboradas por sus artesanos.

Pero sí quiere divisar la Sierra Nevada del Cocuy, un gran espectáculo natural, lo puede hacer desde Sativa Norte y Sativa Sur; estas dos hermanas poblaciones, se destacan por su laboriosidad campesina. Desde que el pueblo de Sativanorte fue destruido por el hundimiento completo de su casco urbano, el 18 de noviembre de 1933, sus pobladores fueron obligados a colonizar otros municipios, por lo que los lazos familiares con otras provincias son bastante dinámicos; quienes se quedaron refundaron el pueblo y de esta manera el Pueblo Viejo es su testimonio que podrá recorrer y luego de esta caminata, sumérjase en las aguas termales junto al Chicamocha que interrumpe el apacible silencio.

Luego podrá visitar el santuario del Señor de los Milagros de Sativasur, patrono de la región, también conocido como “el Señor de los sudores”, pues según cuentan, esta imagen fue restaurada por su mismo sudor, ante la mirada atónita de un sacerdote en la mitad de una eucaristía, pese a sus trescientos años de tallaje, permanece intacta, concediendo favores y múltiples milagros a los feligreses que le adoran y visitan.

Las hermosas plazas de las poblaciones de Boavita, la Uvita y San Mateo son el escenario de diversas manifestaciones culturales, como sus ferias y fiestas agropecuarias, las celebraciones de las fiestas navideñas con los conocidos aguinaldos, y las procesiones de la Semana Mayor. En estas poblaciones usted podrá visitar hermosas casonas con arquitecturas coloniales y dejarse atender por la amabilidad de sus gentes, donde podrá degustar deliciosos platillos de la gastronomía regional y deleitarse con sus aromáticos frutales de guayaba, chirimoya, naranja, mandarina y limas.

El último tramo de esta visita por la Provincia del norte de Boyacá, lo complementan las poblaciones de Susacón y Soata. Susacón es conocida como “la puerta del norte boyacense”, después de visitar su gran plaza central, puede degustar el mejor cabrito de la región contemplando el río Chicamocha y luego podrá realizar turismo rural, visitando acogedoras casonas campesinas. En Soatá tome la sombra bajo los árboles del Parque Juan José Rondón y visité su Catedral en piedra tallada a mano; y en su parque principal podrá degustar los deliciosos dulces artesanales como los dátiles, frutos de la palma datilera, planta introducida en la colonia junto con el olivo y la higuera. Estos dulces le dan identidad a la provincia del norte del Boyacá, además de ser nutritivos por su alto nivel de potacio, endulzan la vida del viajero que puede degustar también bocadillos de arroz, panelitas de leche, brevas con arequipe y limones azucarados. Una explosión de sabores que no podrá olvidar en su paladar.

La ruta por la provincia del norte de Boyacá, es más que un lugar de paso, es un paisaje para sentir y descubrir.

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